Pindo Mirador, un refugio para 300 especies

11/15/2006

Jaime Plaza, Coordinador de Sociedad

Estacion Biologica Pindo mirador

Vicente Pizango sabe casi de memoria cómo sortear una suerte de laberinto verde. Con brincos  y pasos con cautela supera los pequeños pantanos o charcos. Camina en zigzag entre árboles gigantes, lianas y más vegetación espesa, en una larga  travesía.

Después de vivir en la zona por más de 46 años, Pizango conoce  cada rincón y especie que habita en las 274  hectáreas que conforman el bosque manejado por la estación biológica  Pindo Mirador. “El laurel y el cedro son buenos árboles para  madera, también hay el drago, el matico silvestre o el camacho que usamos como repelente para los mosquitos”.

A sus 65 años, Pizango es un guía nativo de la estación biológica, establecida hace un año y medio por iniciativa de la Universidad Tecnológica Equinoccial (UTE) en comodato con el Gobierno Provincial de Pastaza.

Este centro de investigación está ubicado a 10 kilómetros del centro cantonal de Mera, en Pastaza.
A partir de su instalación, Pizango y sus vecinos empezaron a concienciarse  sobre la importancia de conservar los bosques. Además de recuperar el área que fue destruida para sembrar naranjilla y pastizales para la ganadería, a parte de la extracción de madera.

Precisamente, ese es uno de los fines, según Carmen Luzuriaga, responsable de la estación biológica.  Por eso  se incluyeron 20 hectáreas, que si hoy tienen verdor es solo porque están cubiertas por el gramalote, una hierba introducida para alimentar al ganado.

Con el afán de recuperarlas, allí se plantarán especies endémicas y nativas. Dentro de esta tarea, al momento se adecúa un jardín botánico y etnobotánico para nutrir de plantas para la reforestación.

Mientras se avanza por la reserva, la vegetación se  vuelve tupida. Los árboles de tamburo, colcas y piguales (que se salvaron de la explotación maderera), las plantas de bijao de hojas anchas… se convierten en una barrera natural que frena el paso de los rayos del sol y ayudan a aliviar los sofocantes 25 grados de temperatura del mediodía del viernes pasado.

Las miles de hojas secas, recién caídas o que ya están en descomposición, hacen que cada paso se sienta como si se pisara sobre una gruesa alfombra.  Mientras tanto, Luzuriaga y Pizango abundan en explicaciones sobre la importancia del lugar.

Y en medio de los relatos, Luzuriaga sorprende con una singular historia sobre la flor de la pasión (así la bautizaron los primeros misioneros españoles que llegaron a la zona). Es de la familia de las pasifloras tales como  taxo y la maracuyá. Por su  rojo encendido resalta entre el abundante verdor. Por esas características,    los españoles la asemejaron con la Pasión de Cristo. “Los 10 pétalos y cépalos rojos representan a los  discípulos de Jesús, excepto Judas y Pedro. A la corona de  estanimodios la relacionaron con  la corona de espinas, a los cinco estambres con  las  llagas y a los tres estilos con los clavos con que crucificaron a Cristo”.

Así, con ese tipo de relatos y mediante talleres, ella trata de concienciar a los habitantes de los alrededores -Pizango es uno de ellos- sobre la necesidad de proteger su entorno natural.

El  grito que parece  un ladrido de varios cucupacchos (ave cacique lomiamarillo) posados sobre las copas de los árboles de más de 20 m llama la atención en pleno bosque de vegetación secundaria, compuesta por árboles de canelos,  balsa, roble, chontas y  otros.

Mientras avanza, Vicente Pizango descubre una pequeña culebra, aves, mariposas,  insectos…,  una muestra que se trata de un  paraíso. Al estar a 1 250 m de altitud, tiene una abundante  fauna y flora, características de la Amazonia.

De acuerdo con el seguimiento hecho por la estación biológica, en Pindo Mirador habitan 86 especies de aves que van desde  tangaras, semillero piquinegro, ruiseñor  barbudo cabecirrojo…; 34 especies de mamíferos: puma, cabeza de mate, oso hormiguero, saíno, danta, armadillo y más.

En  ocho vitrinas en  la estación también se conservan cigarras, avispas, escarabajos, moscas, mantis, anfibios y reptiles como muestra de su riqueza. Según Gloria Quichimbo, auxiliar de laboratorio, esa es la evidencia de que se trata de un refugio de más de 300 especies de fauna y flora.

Una reserva de agua

Los ríos Pindo Grande y Plata  cruzan por la zona. La importancia de sus microcuencas está en que constituyen las fuentes de abastecimiento de agua  para Puyo, Shell y La Moravia. Se captan 130 litros cúbicos por segundo.
Desde agosto pasado  está en trámite el pedido de declaratoria de bosque protector. Durante estos días, el Ministerio del Ambiente analiza la solicitud presentada por la UTE.

Esta reserva se asienta en lo que antes fueron dos fincas. La primera fue de Luis Altamirano, con 152,43 hectáreas. La segunda, ex propiedad de Eloy Silva, tiene 122,16 hectáreas.

La estación Pindo Mirador fue construida en la parte baja de la reserva. Su objetivo es la investigación, pero también sirve como destino para la visitas científicas y turismo ecológico.


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